El Grupo Asesor de la Economía Europea de CESifo (EEAG) publicará su sexto Informe sobre la Economís Europea el 27 de febrero próximo. Al igual que informes de años anteriores, el Informe 2007 consiste en dos secciones: una dedicada a temas macroeconómicos de corto plazo y la otra análisis de temas fundamentales que afectan a la economía europea. En esta edición, los temas de fondo se centran en la selección de un modelo económico de largo plazo para Europa.
Las conclusiones principales respecto de los temas de corto plazo son:
En lo que respecta al modelo económico más apropiado para Europa, las principales conclusiones son:
El crecimiento de la economía mundial mostrará una leve desaceleración, con tasas proyectadas de un poco menos de cinco por ciento para este año y el próximo. El crecimiento en la UE reducirá su ímpetu, pero se mantendrá, alcanzando 2.2 por ciento en 2007 y 2.5 por ciento en 2008.
Los déficits fiscales en los estados de la UE están disminuyendo. Pero, en vista de las presiones demográficas futuras, las reducciones actuales son insuficientes. De hecho, son potencialmente peligrosas, ya que pueden crear la ilusión de que los problemas fiscales ya han sido superados. Los gobiernos debieran reestructurar sus gastos, reorientándolos hacia las inversiones, educación, e investigación y desarrollo.
El hecho de que el euro probablemente continuará su apreciación y que la inflación seguirá disminuyendo apretará las condiciones monetarias en la eurozona. Un análisis del comportamiento del BCE en el pasado sugiere que el tipo de interés se encuentra actualmente por sobre su meta. Por ende, alzas adicionales en los tipos de interés serían difíciles de justificar.
En algunos momentos, la política monetaria común en la eurozona ha presentado fuertes dificultades a ciertos países. Aún no se observa una tendencia hacia una mayor sincronización de los ciclos económicos. En general, la consideración otorgada por el BCE a los países grandes no guarda relación con el tamaño de sus respectivas economías.
El capítulo analiza los problemas de ajuste macroeconómico en la eurozona y las lecciones que se pueden aprender de ellos. El foco principal son los casos de Irlanda e Italia.
Irlanda es el típico ejemplo de un shock expansivo que ha derivado en una fuerte apreciación del tipo de cambio real, lo que torna al país vulnerable a un debilitamiento de la economía global. Las experiencias de Irlanda apuntan a dos problemas anteriormente subestimados.
Italia se ha visto expuesto a fuertes shocks contraccionarios: enfrenta una mayor competencia por parte de las economías emergentes y muestra una disminución de su competitividad. Al mismo tiempo, los sueldos y salarios han aumentado más rápidamente que en otros países de la eurozona. El resultado es una marcada apreciación del tipo de cambio. Los intentos actuales de mejorar la competitividad mediante una reducción de los impuestos sobre nóminas no son suficientes. La única vía es una desregulación generalizada de los mercados de productos y servicios para elevar la productividad.
Los diez países que ingresaron a la UE en 2004 han experimentado fuerte crecimiento. Hasta ahora sólo uno de ellos, Eslovenia, ha sido aceptado en la eurozona. El año pasado, la solicitud de Lituania fue rechazada y se aconsejó a Estonia no postular, en ambos casos debido a inflación excesiva.
La estricta aplicación del criterio de inflación como una manera de postergar el ingreso a la unión monetaria da origen a una situación potencialmente vulnerable para los países que participant en el ERM II. La razón es el riesgo de un sobrecalentamiento seguido de reversiones en el flujo de capitales y estrés financiero. Dado que estos países cumplen con los restantes criterios de la unión monetaria se les debiera permitir prontamente adoptar el euro, siempre que la inflación que exhiben sea un reflejo principalmente de su rápido crecimiento (lo que se conoce como el efecto Balassa-Samuelson). El capítulo propone un descuento Balassa-Samuelson de hasta un punto porcentual que debiera aplicarse al criterio de inflación en el caso de nuevos miembros que exhiben une fuerte crecimiento económico.
El modelo escandinavo ha ganado terreno como una alternativa al modelo anglosajón, capaz de combinar un buen desempeño macroeconómico con alta protección social. Finlandia y Suecia han mostrado alto crecimiento de su producto interno, pero la evolución del empleo ha sido menos satisfactoria. En Dinamarca, el empleo se ha desarrollado de manera muy favorable, pero el crecimiento del producto ha sido menos espectacular.
Los países escandinavos han tenido más éxito en generar empleo – principalmente gracias a una alta participación de mujeres en el mercado laboral – que en generar horas trabajadas. Si bien la cantidad de horas trabajadas es más alta que en la mayoría de los países de la eurozona, es sustancialmente menor que, por ejemplo, en los Estados Unidos. Las tasas de dependencia de los beneficios son también altas.
La experiencia de los países escandinavos no constituye evidencia de que un país se las puede arreglar sin realizar reformas de libre mercado. Por el contrario, muestra que la desregulación del mercado de productos ha contribuido claramente a impulsar el crecimiento del producto interno. Dinamarca también demuestra que las reducciones moderadas en la generosidad de los beneficios, sumadas a exigencias mayores a los desempleados, pueden reducir el desempleo de manera significativa. El argumento de la flexiguridad (generosos beneficios de desempleo y poca protección del puesto de trabajo) que comúnmente se ofrece para explicar el bajo desempleo danés es en gran medida un mito que no se ve sustanciado por el análisis económico.
La lección de política económica para Europa es que las reformas moderadas tanto de los mercados de productos como el laboral pueden ser muy efectivas. Las experiencias menos existosas de los escandinavos demuestran la importancia de realizar las reformas de manera simultánea en los sistemas interconectados de seguridad social (seguro de desempleo, jubilación anticipada, seguros de salud, etc.). De otro modo, la menor generosidad en los beneficios sólo provoca un desbordamiento de receptores de beneficios hacia otros sistemas.
Las tasas de impuestos sobre sociedades en la UE han disminuido marcadamente gracias a la competencia tributaria que representan los nuevos estados miembros. Esta práctica ha sido criticada como injusta, ya que los nuevos estados miembros que aplican las menores tasas impositivas reciben además fondos del resto de la UE. Pero tanto estos fondos como las menores tasas de impuestos sirven al mismo propósito: atraer capital y reducir la dispersión económica a través de la Unión.
Es probable que las tasas impositivas sigan cayendo, lo cual genera inquietud en cuanto a lo injusto que pueda ser dicho fenómeno. La mejor solución parece ser un impuesto basado en el lugar de destino que grava a los propietarios del capital en el lugar donde éstos consumen. Este impuesto no distorsiona el emplazamiento de la actividad productiva. El análisis propone la introducción de facto de un tributo de este tipo mediante un aumento del IVA (que es un impuesto sobre las utilidades y sobre la renta), al mismo tiempo que se aplica una reducción compensatoria al impuesto sobre la renta.
Un impuesto de este tipo puede ser aplicado por un país individual, ya que atraería capital de otros países. Si todos los países adoptan un impuesto tal, la competencia tributaria destinada a atraer capital tendería a desaparecer.
En estos últimos años, varios países de la UE han seguido políticas económicas selectivas y nacionalistas, que se han manifestado, por ejemplo, en el bloqueo de fusiones internacionales que podrían mejorar la competitividad y en la promoción de campeones nacionales. Esta políticas típicamente benefician a grupos de interés y provocan pérdidas a los consumidores.
En algunos casos el nacionalismo económico puede beneficiar a los residentes nacionales como un todo, en perjuicio de los residentes de otros países, si las empresas nacionales que reciben diversas formas de apoyo logran utilidades monopólicas que son transferidas a la economía nacional. Pero estos beneficios potenciales se ven generalmente contrarrestados por las políticas nacionalistas de los países competidores, mientras los costos en términos de distorsiones siguen inalterados. Este es un argumento para coordinar la reducción de barreras al ingreso de empresas extranjeras en toda la UE. De otro modo, existe un incentivo para retrasar la adopción de tales reformas a nivel nacional, ya que ello puede permitir a empresas nacionales consolidar sus posiciones y, así, mejorar sus posibilidades de capturar mercados en otros países.
El nacionalismo económico a menudo guarda relación con la propiedad pública, tanto completa como parcial, de empresas que compiten con firmas privadas. Una manera efectiva de combatir el nacionalismo económico es, por consiguiente, restringir la propiedad pública de tales empresas. Se debe discutir la introducción de una ley europea que restrinja la propiedad pública en medios competitivos. La propiedad pública con frecuencia es una reliquia que ha persistido sin una buena razón económica que lo justifique.
Report on the European Economy Presentation and ordering information
EEAG European Economic Advisory Group at CESifo Information and current members
Presentation: EEAG Video, 4 min.
Login EEAG members Password forgotten?